Enamorándose del sueño

Dormimos para vivir, pero ¿podemos también vivir para dormir?

Actualmente el petróleo y el café son algunos de los productos más comercializados en el mundo. Somos una sociedad de adictos a la energía, dependientes de alimentos, líquidos, información, entretenimiento y luz, todos muy estimulantes incluso durante el período nocturno. Vivimos dentro de un ecosistema que estimula y perpetúa este estilo de vida.

Hubo un momento en que pensábamos que dormir era un regalo que nos dábamos al final del día, como recompensa por nuestros esfuerzos.

Hoy vemos el sueño como una necesidad fisiológica a la que debemos someternos para poder vivir nuestro día, pero el sueño muchas veces es visto como una pérdida de tiempo, y cuanto más pueda optimizarse (reducirse), mejor.

Entre los universitarios existe un mito de que hay tres alternativas en la vida: tener buenas notas, socializar y dormir bien, y una persona necesita elegir dos de ellas. Por supuesto, el sueño suele ser el más relegado de todos.

Esta visión no es compartida solo por estudiantes. En el mundo empresarial, los CEOs de empresas son bien vistos por dormir solo 4 o 5 horas, como si fueran superhéroes de la productividad. Y si estas personas exitosas lo hacen, ¿por qué no lo hacemos nosotros también?

Una de las preguntas que más recibimos en Vigilantes del Sueño es: "¿Cuánto tiempo necesito dormir?", con el objetivo de saber cuál es el mínimo que necesitan para optimizar el tiempo que estarán despiertos.

¿Puedes imaginar cómo sería restringir las otras necesidades humanas naturales? Imagina dejar de comer o beber para no tener que ir al baño, o imagina tener un tiempo límite para hacer el amor con una persona que te gusta. Muchas personas, si pudieran, jamás quitarían la alimentación y el sexo de sus vidas, pues ven tales actos como algo a apreciar, algo que forma parte del placer de vivir. ¿Por qué el sueño no puede verse de la misma forma?

Desde el punto de vista de nuestro estado despierto, quedarse dormido es un accidente, algo que no queremos, que debe evitarse. Sin embargo, asumir el sueño como un problema es la trampa definitiva. Así como no queremos causar accidentes en nuestro día a día, si seguimos viendo el sueño como un accidente, entonces jamás querremos dormir. Abandonar el estado de vigilia es un acto de humildad, es reconocer que existen otras cosas tan o más importantes que nosotros.

Este acto de humildad nos ayuda a enamorarnos del acto de dormir, en lugar de mirarlo como una obligación, un mal necesario, un problema o una preocupación.

El amor por el sueño no está enraizado en la desesperación del insomnio crónico o de la privación de sueño acumulada. Todo lo contrario. Se trata de entender que el sueño es un encuentro nocturno con nosotros mismos. Acercarse al sueño con preocupación es arriesgado. La apertura para recibirlo como un regalo nos deja vulnerables a enamorarnos del sueño.

Para concluir, me gustaría decir que, a diferencia de lo que siempre escribimos, todo en este post no tiene nada de científico, pero es un lema que llevamos para la vida aquí en Vigilantes del Sueño:

Lo que no nos gusta lo hacemos peor, lo que nos gusta lo hacemos mejor. Sabemos que la persona que tiene una mala relación con la cama no duerme o duerme mal. Pero, ¿la persona que tiene admiración y pasión por el sueño duerme mejor? ¡Nos gusta creer que sí!

Pero si eres una persona muy científica y piensas que todo esto es una gran tontería, te dejamos una reflexión.

Muchos de nosotros vivimos para trabajar, para estudiar, para perfeccionarnos.

¿Sabías que el sueño es uno de los momentos en que más aprendemos? Durante el sueño es cuando nuestra memoria consolida la información. A veces dormir puede ser la mejor alternativa para aprobar el examen o entregar un mejor trabajo.

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