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Entendiendo la depresión

Entiende lo que la OMS declaró como el "mal del siglo XXI"

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La depresión está clasificada como un trastorno del estado de ánimo por los manuales de psiquiatría. Puede caracterizarse por sentimientos constantes de tristeza, apatía, pérdida de voluntad o interés por las cosas, sentimiento de rabia o irritabilidad y que interfieren de forma significativa en las actividades del día a día de una persona.

Cada vez más frecuente, según la investigación Vigitel 2021 (una de las encuestas de salud más amplias del país) más del 11% de la población es diagnosticada con esta condición, siendo más común entre las mujeres (14,7%) que entre los hombres (7,3%).

No es raro que las personas confundan la depresión con el sentimiento de tristeza, que puede ser causado por una situación difícil o un evento traumático puntual, como la pérdida de un ser querido.

Eventos perturbadores que sacuden nuestras emociones ocurren todo el tiempo y sentirse triste ante ellos es absolutamente normal.

En el caso de un duelo, por ejemplo, los sentimientos de dolor y tristeza pueden ir acompañados de emociones positivas, como es el caso cuando tenemos recuerdos afectivos en relación al ser fallecido.

En un cuadro de depresión, por otro lado, la sensación de tristeza tiende a ser constante y puede ir acompañada de auto aversión, pérdida de autoestima e incluso de un sentimiento de culpa cuando hay algún momento de alegría. Estos son relatos comunes entre personas para quienes un duelo se cronifica y desencadena una depresión.

Los síntomas depresivos pueden variar mucho de persona a persona, y en las diferentes fases de la evolución del cuadro. Mientras que para algunos las alteraciones de humor son lo que más afectan, para otros son los efectos que comienzan por el cuerpo.

Los síntomas aún pueden variar en gravedad, frecuencia e intensidad. Entre ellos, los más comunes son:

  • Sentimientos ansiosos, de tristeza o "vacío"
  • Falta de esperanza
  • Auto aversión, sintiéndose inútil y pesimista
  • Baja autoestima
  • Llanto frecuente
  • Rabia/irritación
  • Pérdida de interés en hobbies y/o actividades que antes solía gustar
  • Cansancio/Fatiga
  • Dificultad para concentrarse, memorizar cosas o tomar decisiones
  • Insomnio
  • Alteraciones de apetito, con pérdida o ganancia de peso
  • Dolor físico sin causa aparente y que no mejora con tratamiento (dolor de cabeza, cólicos, problemas digestivos o dolores por el cuerpo)
  • Pensamientos suicidas
  • Automutilación
  • Disminución del interés sexual

Pero al final, ¿qué causa la depresión?

Existen varias teorías sobre causas posibles para la depresión y es común, para buena parte de los casos, que haya una superposición de factores. Casi nunca es una sola causa.

Los factores más comunes son:

  • Química cerebral - Hay una hipótesis de que pueda haber un desequilibrio bioquímico en partes del cerebro que controlan el humor, pensamientos, sueño, apetito y comportamientos. Existen controversias, sin embargo, entre los estudios científicos, sobre qué viene primero, si son alteraciones en los neurotransmisores que desencadenan la depresión o si es la propia depresión la que va alterando la comunicación entre ellos.
  • Niveles hormonales - Las alteraciones en las hormonas femeninas estrógeno y progesterona pueden aumentar el riesgo de depresión. Estos cambios ocurren durante diferentes períodos en la vida de una mujer, como entre los ciclos menstruales o en la menopausia.
  • Genética - Las personas con un historial familiar de depresión u otros trastornos del estado de ánimo tienen mayor predisposición a desarrollar cuadros parecidos. Además, estudios del genoma apuntan que hay características específicas entre algunos genes que pueden aumentar la vulnerabilidad para la depresión.
  • Traumas de primera infancia - Algunos eventos durante la infancia pueden dejar marcas afectivas significativas y moldear la manera como el cuerpo reacciona al miedo y a situaciones estresantes. Algunos ejemplos son la separación de los padres o la vivencia de bullying (amenaza por humillación, exclusión o discriminación).
  • Otros traumas - La definición de trauma es un poco compleja, pues varía de persona a persona, pero situaciones que implican pérdidas o que amenacen la integridad física o psicológica pueden aumentar el riesgo para la depresión.
  • Estructura del cerebro - Hay un riesgo mayor de depresión cuando el lóbulo frontal del cerebro es menos activo. Sin embargo, así como en relación a la hipótesis de la bioquímica, no hay un consenso entre científicos y estudios que realmente comprueben si esta reducción de la actividad cerebral ocurre antes o después del inicio de los síntomas depresivos.
  • Condiciones médicas - Condiciones clínicas crónicas que traen limitaciones para la vida pueden aumentar el riesgo para la depresión. Esto puede ocurrir con el cáncer, enfermedades del corazón o enfermedades neurológicas, dolores crónicos o los trastornos del sueño, como el insomnio y la apnea.
  • Uso de sustancias - Un historial de uso abusivo o indebido de drogas y otras sustancias químicas, incluso del alcohol, puede aumentar el riesgo para la depresión.

Tipos de depresión

La depresión puede aún variar en subtipos:

  • Distimia: Considerado el cuadro más leve y crónico de la depresión. Generalmente surge en la adolescencia o inicio de la vida adulta, y se hace presente en la mayor parte de los días, por un período de mínimo 2 años. Alguien con distimia presenta preocupación, cansancio y desánimo persistentes, también pudiendo caracterizarse como un mal humor crónico.
  • Depresión posparto: Puede ocurrir hasta un año después del nacimiento de un bebé.
  • Depresión endógena: Definición para cuando los síntomas predominantes son la pérdida de interés por actividades que antes gustaba, indisposición al despertar, pérdida de memoria y de apetito (causando pérdida de peso) y mucha tristeza.
  • Depresión atípica: Definición para cuando los síntomas predominantes son el aumento en el apetito y en el peso, insomnio, sensación de cuerpo pesado y sensibilidad exagerada al rechazo.
  • Depresión estacional: Común en personas jóvenes o que viven en altas altitudes, es una condición que se inicia en otoño/invierno y persiste hasta la primavera, no siendo común en verano. Para confirmación del diagnóstico los síntomas necesitan ser observados por 2 años consecutivos.
  • Depresión psicótica: Considerado un cuadro más grave, que involucra la ocurrencia de alucinaciones y delirios.
  • Depresión secundaria: Definición para cuando un cuadro es acompañado de otras condiciones médicas, sean las citadas anteriormente u otras condiciones como: fibromialgia, enfermedades reumatológicas y casos relacionados al uso de medicamentos, como los corticoides.
  • Depresión bipolar: la mayoría de los pacientes con trastorno bipolar inician su cuadro con un episodio depresivo, antes de presentar lo que los especialistas llaman viraje maníaco. Cuanto más precoz el episodio depresivo, mayores las chances de bipolaridad.

Reconocer los posibles orígenes y tipos de manifestación de la depresión es una etapa importante para quien está sufriendo o en tratamiento, al fin y al cabo, solo conseguimos combatir aquello que conocemos.

Antes de concluir, me gustaría solo reforzar que la manifestación de la depresión puede variar de persona a persona, entonces difícilmente alguien podrá saber mejor que tú lo que se pasa ahí dentro. Además, los propios acontecimientos de la vida pueden cambiar el modo en cómo lidiamos con los síntomas y la percepción sobre ellos, por eso, el diagnóstico siempre debe ser hecho con mucha cautela.

¡Ven conmigo que aún veremos mucha información y estrategias para lidiar con los síntomas y cómo superarlos!

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