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La relación entre el sueño y la depresión es fuerte, es una vía de doble sentido.
Aproximadamente 3 de cada 4 personas que enfrentan una depresión también presentan quejas de sueño, principalmente insomnio o hipersomnia, que es la sensación de somnolencia excesiva durante el día. Estas quejas están presentes en cerca del 40% de los adultos jóvenes y el 10% de los pacientes mayores con depresión, en su mayoría mujeres.
Además de los síntomas que pueden ser un reflejo del impacto de la depresión en la calidad del sueño, los propios trastornos del sueño no tratados adecuadamente pueden ser el factor que desencadena la depresión.
Esto sucede porque un sueño fragmentado o insuficiente causa un mal procesamiento de los recuerdos y de nuestras emociones, provocando alteraciones del humor y de la percepción sobre cómo nos sentimos o sobre cómo los demás se sienten con respecto a nosotros.
Las alteraciones del sueño son, incluso, uno de los criterios de diagnóstico para la depresión, dada su estrecha relación.
Las personas con depresión generalmente presentan uno o más de los siguientes síntomas:
- Dificultades para iniciar el sueño
- Despertar muchas veces durante la noche o más temprano de lo deseado
- La sensación de sueño no reparador
- Una disminución en el tiempo total de sueño
- Pesadillas perturbadoras
- La somnolencia excesiva durante el día
¡Si pensabas que solo dormir poco era el problema, te equivocaste!
Dormir demasiado también puede ser perjudicial. ¿Y sabes lo que los estudios demuestran que es muy común y un agravante? Incluso después de que la depresión está bajo control, los trastornos del sueño suelen persistir y este es uno de los factores que puede desencadenar recaídas.
Pero ¿por qué sucede esto?
Cada vez más la ciencia nos demuestra la importancia de la regularidad del patrón de sueño, por ser un ritmo biológico ligado a diversas otras funciones fisiológicas. El sueño es un ritmo que obedece al ciclo circadiano, el conjunto de alteraciones del organismo que ocurren de forma periódica en un tiempo aproximado de 24 horas (circa = cerca; diano = un día).
Es este ciclo el responsable de sincronizar una serie de funciones importantes, además de los horarios de dormir y despertar, por ejemplo, también los horarios y el tiempo de secreción de la mayoría de las hormonas, responsables de regular nuestra sensación de hambre, del nivel de alerta, la producción de anticuerpos y de nuevas células, entre otras funciones.
Una de esas hormonas que está ligada a nuestra capacidad de mantenernos alerta, también conocida como hormona del estrés, es el cortisol. Las personas con depresión pueden presentar un aumento en la concentración de cortisol, y este es uno de los mecanismos por los cuales se observa el empeoramiento del humor, característico de la depresión.
Y la secreción del cortisol está directamente conectada a la secreción de la melatonina, conocida como la hormona inductora del sueño, por ser una de las principales sustancias ligadas a la sincronización de nuestro reloj biológico. Por eso, las alteraciones en el cortisol alteran también los horarios y el tiempo en que sentimos sueño.
¿Y cuáles son las opciones de tratamiento?
La buena noticia es que, en teoría, actualmente ya existen medicamentos que logran actuar para mejorar tanto los síntomas de sueño como de la depresión. Es por eso que es común observar personas con insomnio utilizando un antidepresivo como tratamiento, por ejemplo.

Existen algunas investigaciones que llaman la atención sobre un "tratamiento" un tanto peculiar para quienes sufren con síntomas depresivos: es la privación parcial de sueño, es decir, una restricción en la oportunidad de dormir, en inglés conocida como partial sleep deprivation (PSD). No es un "tratamiento" exactamente convencional, sino una estrategia vista en diversos estudios como eficaz, si se aplica como intervención a corto plazo.
La explicación más simple de por qué esta estrategia es válida, es por el hecho de que las personas con síntomas depresivos suelen pasar más tiempo en reposo en la cama, ya sea por la sensación de fatiga y cansancio, o por la dificultad de consolidar el sueño.
Una de las investigaciones en esta línea, que probó el efecto agudo de la privación parcial de sueño, constató que más del 50% de los participantes presentaban una reducción significativa en los niveles de cortisol y, por consecuencia, también una mejora en los síntomas depresivos.
Pero, precaución, lo más indicado, en caso de que sientas alteraciones en la calidad de tu sueño, es buscar ayuda de un profesional de salud especializado, principalmente si ya estás en seguimiento o si ya has recibido en algún momento un diagnóstico de depresión.
Incluso una intervención sin medicamentos puede tener efectos secundarios o no previstos, y así acabar más perjudicando que ayudando.
La salud mental es cosa seria y, como estamos aprendiendo aquí, tiene relación con todo el cuerpo, por eso, busca ayuda profesional siempre que la necesites.